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Nuevas normas para frenar la propagación mundial de las plagas y enfermedades de las plantas

La Convención Internacional de Protección Fitosanitaria aprueba nuevas normas sobre fumigación y seis plagas, entre ellas la Xylella fastidiosa y la mosca oriental de la fruta

El organismo encargado de mantener a raya las plagas y enfermedades de las plantas y garantizar su inocuidad para el comercio aprobó nuevas medidas internacionales para evitar que las plagas crucen las fronteras y se propaguen.

Las normas, incluyendo los protocolos para detener plagas muy invasivas como la Xylella fastidiosa y la mosca oriental de la fruta, se aprobaron durante la reunión anual de la Comisión de Medidas Fitosanitarias (CMF) celebrada esta semana.

La CMF es el órgano rector de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF), el único organismo internacional encargado de establecer e implementar normas fitosanitarias reconocidas por los gobiernos de todo el mundo y el Acuerdo MSF de la Organización Mundial del Comercio para facilitar el comercio inocuo y proteger la sanidad vegetal.

“Con el aumento del comercio y los viajes, los riesgos de propagación de las plagas a nuevas zonas a través de las fronteras son ahora más elevados que nunca. Asistimos cada día de una cantidad sorprendente de amenazas para el bienestar de nuestras plantas y, por extensión, para nuestra salud, medio ambiente y economía”, advirtió Bukar Tijani, Director General Adjunto de la FAO al frente del Departamento de Agricultura y Protección del Consumidor.

La FAO estima que entre un 20 y un 40 por ciento de la producción agrícola mundial se pierde cada año a causa de las plagas. Las enfermedades de las plantas le cuestan a la economía mundial unos 220 000 millones de dólares EUUU anuales, y los insectos invasores unos 70 000 millones de dólares.

“Muchos campesinos y gobiernos luchan por protegerse de plagas y enfermedades muy destructivas que ‑además de todo lo anterior- son nuevas para ellos. La CIPF les da las herramientas y conocimientos para mantener sus plantas sanas y evitar que las plagas crucen las fronteras”, añadió Tijani.

Entre las nuevas normas de la CIPF aprobadas esta semana se incluyen:

Una nueva norma para ofrecer orientación sobre métodos mejorados de fumigación, responde a la creciente preocupación sobre los fumigantes que pueden ser perjudiciales para la salud humana y el medio ambiente.

La norma establece los requisitos de temperatura, duración y cantidad de fumigantes para que la fumigación sea efectiva, y propone soluciones para disminuir su impacto medioambiental (por ejemplo, utilizando tecnologías de recaptura para reducir las emisiones de gases).

Los Protocolos de diagnóstico que describen procedimientos y métodos ara el diagnóstico oficial de seis plagas, incluyendo la Xylella fastidiosa y la mosca oriental de la fruta (Bactrocera dorsalis). Garantizar un diagnóstico correcto es esencial para impulsar intervenciones rápidas con el objetivo de controlar las plagas.

La Xylella fastidiosa es una bacteria letal que ataca cultivos de importancia económica, como el olivo, los cítricos, los ciruelos y las vides. Desde 2015, se está propagando rápidamente desde las Américas a Europa y Asia.

Una vez que la Xylella fastidiosa se infiltra en una planta, permanece en ella, privándola de agua hasta que muere o se debilita demasiado para producir sus frutos.

Solamente en California, las pérdidas en la producción vinícola debido a la Xylella fastidiosa se cifran en 104 millones de dólares EEUU al año. En Italia, la bacteria ha acabado con 180 000 hectáreas de olivares -con numerosos olivos centenarios- y constituye una amenaza no solo para la economía italiana, sino también para la de todos los países mediterráneos.

La mosca oriental de la fruta (Bactrocera dorsalis) afecta a árboles como el aguacate, banano, guayaba y mango en al menos 65 países. En África, la prohibición del comercio debido a las infestaciones de la mosca oriental de la fruta causa pérdidas anuales estimadas en unos 2 000 millones de dólares EEUU.

Temas a debate: el Año Internacional de la Sanidad Vegetal, nuevas normas comerciales y tecnologías para detectar plagas

Las discusiones de la reunión de la CMF esta semana (del 1 al 5 abril) reúnen a más de 400 participantes, entre ellos representantes de organizaciones nacionales y regionales de protección fitosanitaria, organizaciones internacionales y oficinas de la FAO en todo el mundo. Entre diversos temas a debate, también se centran en el programa del Año Internacional de la Sanidad Vegetal, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas para 2020.

“A pesar del creciente impacto de las plagas de las plantas, los recursos para abordar este problema son escasos. La reunión de la CMF analizará cómo el Año Internacional de la Sanidad Vegetal podría fomentar una mayor colaboración, participación y sensibilización a nivel mundial para respaldar las políticas fitosanitarias a todos los niveles, lo que contribuirá de forma significativa a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, afirmó Jingyuan Xia, Secretario de la CIPF.

Las normas para productos y víass contribuirán al establecimiento de reglas básicas para que los países se inicien en el comercio, con el objetivo añadido de ofrecer nuevas oportunidades a países en desarrollo.

Las recomendaciones sobre tecnologías de secuenciación de alto rendimiento (HTS, por sus siglas en inglés) que se encuentran en las primeras fases de desarrollo, y permiten detectar plagas reglamentadas o plagas previamente desconocidas, como los nuevos virus que afectan a las plantas de yuca.

Aunque estas tecnologías ofrecen nuevas posibilidades para examinar plantas y productos vegetales con mayor rapidez y fiabilidad que los métodos de diagnóstico tradicionales, también plantean desafíos, que se identifican y abordan en las recomendaciones.

Figuran igualmente en la agenda de la reunión las formas de reducir los riesgos de las plagas de las plantas durante su transporte en contenedores marítimos.

Hasta la fecha, la CMF ha aprobado más de 100 Normas Internacionales para medidas fitosanitarias (NIMF), que cubren todos los aspectos de la cuarentena de las plantas.

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Escasez de agua: Uno de los mayores retos de nuestro tiempo

Si no cambiamos nuestros hábitos ahora, la demanda mundial de agua podría aumentar un 50% para 2030

El agua es esencial para la producción agrícola y la seguridad alimentaria. Es el elemento vital de los ecosistemas –incluidos los bosques, lagos y humedales–, de los que depende nuestra seguridad alimentaria y nutricional presente y futura. Sin embargo, nuestros recursos de agua dulce están disminuyendo a un ritmo alarmante.

La creciente escasez de agua es ahora uno de los principales retos para el desarrollo sostenible. Este desafío se hará más apremiante a medida que la población mundial siga creciendo, su nivel de vida aumente, las dietas cambien y los efectos del cambio climático se intensifiquen.

Sin embargo, nuestros recursos de agua dulce están disminuyendo a un ritmo alarmante. La creciente escasez de agua es ahora uno de los principales retos para el desarrollo sostenible. Este desafío se hará más apremiante a medida que la población mundial siga creciendo, su nivel de vida aumente, las dietas cambien y los efectos del cambio climático se intensifiquen.

El “agua que comemos” a diario a través de los alimentos que consumimos, es mucha más de la que bebemos. ¿Sabías que dependiendo de la dieta necesitamos de 2 000 a 5 000 litros de agua para producir los alimentos que consumimos diariamente una persona? Los datos disponibles sugieren que dos tercios de la población mundial podrían estar viviendo en países con estrés hídrico para el año 2025 si continúan los patrones de consumo actuales. Para lograr un mundo #HambreCero para 2030, tenemos que actuar ya.

Presentamos cuatro áreas en las que podemos trabajar para salvaguardar este precioso recurso:

1. Agricultura

La agricultura es a la vez una de las principales causas y una de las principales víctimas de la escasez de agua. La agricultura representa casi el 70% de todas las extracciones de agua y hasta el 95% en algunos países en desarrollo.

Tendremos que usar nuestros recursos naturales de forma más eficiente a medida que pase el tiempo, y cuando se trata del agua no hay excepción. Por ejemplo, la elección del cultivo tiene un gran impacto en la cantidad de agua que se necesita.

¿Sabías que los cultivos de leguminosas tienen una reducida huella hídrica, lo que significa que para producir 1 kg de lentejas sólo necesitamos 1 250 litros de agua? ¡Compara esto con los 13 000 litros de agua que necesitamos para producir 1 kg de carne de vacuno!


La transformación de la agricultura y de nuestros sistemas alimentarios es vital para proteger nuestros recursos naturales en un clima en constante cambio. Izda: © PiyaPhong/Shutterstock.com; Dcha: © Kent Weakley/Shutterstock.com
2. Cambio climático

Se espera que la escasez de agua se intensifique como resultado del cambio climático. Está previsto que se produzca un aumento de las temperaturas en todo el mundo.

Sequías más frecuentes y graves están afectando a la producción agrícola, mientras que el alza de las temperaturas se traduce en un incremento de la demanda de agua para los cultivos.

Además de mejorar la eficiencia en el uso del agua y la productividad agrícola, debemos tomar medidas para recolectar y reutilizar nuestros recursos de agua dulce y aumentar el uso seguro de las aguas residuales.

Hacerlo no evitará que se produzcan las sequías, pero puede ayudar a evitar que éstas provoquen hambrunas y trastornos socioeconómicos.

3. Pérdida y desperdicio de alimentos

¡Desperdiciar alimentos equivale a desperdiciar agua! Cuando desechamos alimentos, también estamos desperdiciando los recursos que se destinaron a su producción.

Cada año, un tercio de todos los alimentos producidos se pierde o se desperdicia, lo que se traduce en un volumen de agua desaprovechada equivalente a unas tres veces el volumen del Lago de Ginebra.

Todos podemos hacer pequeños cambios en nuestra vida diaria para reducir el desperdicio de alimentos, desde aprovechar las sobras para cocinar hasta comprar sólo lo que necesitamos.

4. Sistemas alimentarios

El agua se utiliza a menudo de manera ineficiente en la cadena de valor de los alimentos. Además, decisiones clave como la selección del lugar, la tecnología y los proveedores se toman a menudo sin tener en cuenta el impacto sobre los recursos hídricos, especialmente cuando el agua no es un factor limitante, ya sea en cantidad y/o en precio.

La FAO trabaja con los países para garantizar que el uso del agua en la agricultura sea más eficiente, productivo, equitativo y respetuoso con el medio ambiente.

Esto implica producir más alimentos con menos agua, aumentar la resiliencia de las comunidades agrícolas para hacer frente a las inundaciones, las sequías y los constantes cambios climáticos, y aplicar tecnologías limpias que protejan el medio ambiente.

El problema de la escasez de agua es un aspecto fundamental del desarrollo sostenible. ¡Se reduce al hecho de que, simplemente, no podemos producir los alimentos que necesitamos si no tenemos suficiente agua! Debemos cambiar nuestros hábitos y actuar ahora para proteger este precioso recurso. ¡Es uno de los más importantes para lograr un mundo #HambreCero!

Este texto es una actualización del artículo original publicado el 12 de abril de 2017.

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Razones por las cuales debería preocuparnos la Contaminación del Suelo

Se estima que el 95% de los alimentos proviene directa o indirectamente de los suelos.

El suelo es un recurso finito, lo que significa que su pérdida y degradación no es recuperable en el transcurso de una vida humana. Los suelos afectan a los alimentos que comemos, al agua que bebemos, al aire que respiramos, a nuestra salud y la de todos los organismos del planeta. Sin suelos sanos no podríamos producir nuestros alimentos. De hecho, se calcula que el 95% de nuestros alimentos se producen directa o indirectamente en los suelos.

Unos suelos sanos son la clave para la seguridad alimentaria y para un futuro sostenible. Ayudan a mantener la producción de alimentos, a mitigar y adaptarse al cambio climático, filtrar el agua, mejorar la resiliencia ante inundaciones y sequías y mucho más. Sin embargo, una amenaza invisible está poniendo en peligro los suelos y todo lo que nos ofrecen.

La contaminación del suelo provoca una reacción en cadena. Altera la biodiversidad del suelo, reduciendo la materia orgánica que contiene y su capacidad para actuar como filtro. También se contamina el agua almacenada en el suelo y el agua subterránea, provocando un desequilibrio de sus nutrientes.

Entre los contaminantes del suelo más comunes se encuentran los metales pesados, los contaminantes orgánicos persistentes y los contaminantes emergentes, como los productos farmacéuticos y los destinados al cuidado personal.

La contaminación del suelo es devastadora para el medio ambiente y tiene consecuencias para todas las formas de vida a las que afecta. Las prácticas agrícolas insostenibles reducen la materia orgánica del suelo y pueden facilitar la transferencia de contaminantes a la cadena alimentaria.

Los contaminantes en el suelo, aguas subterráneas y en la cadena alimentaria pueden causar diversas enfermedades y una excesiva mortalidad en la población, desde efectos agudos a corto plazo –como intoxicaciones o diarrea–, hasta otros crónicos a largo plazo, como el cáncer.

Más allá del impacto en el medio ambiente, la contaminación del suelo tiene también un elevado coste económico, debido a la reducción de los rendimientos y la calidad de los cultivos. La prevención de esta contaminación debería ser una prioridad en todo el mundo.

El hecho de que la gran mayoría de los contaminantes sean resultado de la acción humana significa que somos directamente responsables de realizar los cambios necesarios para garantizar un futuro con menos contaminación y más seguro.

Los suelos deben ser reconocidos y valorados por su capacidad productiva, así como por su contribución a la seguridad alimentaria y al mantenimiento de servicios ecosistémicos clave. He aquí algunas razones por las que la contaminación del suelo no puede subestimarse:

1. La contaminación del suelo afecta a todos los ámbitos. Los alimentos que comemos, el agua que bebemos, el aire que respiramos, nuestra salud y la de todos los organismos del planeta dependen de un suelo sano. El contenido de nutrientes de los tejidos de una planta está directamente relacionado con el contenido de nutrientes del suelo y su capacidad para intercambiar nutrientes y agua con las raíces de esa planta.

2. La contaminación del suelo es invisible. Hoy en día, un tercio de nuestros suelos están moderadamente o muy degradados debido a la erosión, la pérdida de carbono orgánico, la salinización, compactación, acidificación y la contaminación química.

Se necesitan aproximadamente 1 000 años para formar 1 cm de capa arable superficial, lo que significa que no podremos producir más suelo en el transcurso de nuestras vidas. La tasa actual de degradación del suelo amenaza la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades más básicas.

3. La contaminación del suelo afecta a su capacidad de filtrado. Los suelos actúan de filtro y amortiguador para los contaminantes. Pero el potencial del suelo para hacer frente a esta presión es finito. Si se supera la capacidad del suelo para protegernos, los contaminantes se filtrarán (y se filtran) a otros elementos del entorno, como nuestra cadena alimentaria.

4. La contaminación del suelo afecta a la seguridad alimentaria al reducir el rendimiento y la calidad de los cultivos. Unos alimentos inocuos, nutritivos y de buena calidad solo pueden producirse si nuestros suelos se mantienen sanos. Si no lo están, no podremos producir suficientes alimentos para alcanzar el #HambreCero.


5. La contaminación del suelo puede ser resultado de malas prácticas agrícolas. Las prácticas agrícolas insostenibles reducen la materia orgánica del suelo, comprometiendo su capacidad para degradar los contaminantes orgánicos. Esto aumenta el riesgo de que los contaminantes se liberen al medio ambiente.

En muchos países, la producción agrícola intensiva ha agotado los suelos, poniendo en peligro nuestra capacidad para mantener la producción en estas áreas en el futuro.

Por lo tanto, las prácticas de producción agrícola sostenible se han convertido en un imperativo para revertir la tendencia a la degradación del suelo y garantizar la seguridad alimentaria actual y futura a nivel mundial.


6. La contaminación del suelo puede poner en riesgo nuestra salud. Una parte importante de los antibióticos –utilizados ampliamente en la agricultura y en el ámbito de la salud humana– se liberan en el medio ambiente tras ser excretados del organismo al que se les administró.

Estos antibióticos pueden filtrarse en los suelos y propagarse en el ambiente. Esto produce bacterias resistentes a los antimicrobianos, lo que disminuye la eficacia de los antibióticos. Cada año, unas 700 000 muertes son atribuibles a bacterias resistentes a los antimicrobianos.

Para 2050, si no se ataja el problema, la resistencia a los antimicrobianos matará a más personas que el cáncer y tendrá un coste global mayor que el actual volumen de la economía mundial.


La protección y conservación del suelo comienzan por nosotros mismos.

Con una población mundial que se proyecta supere los 9 000 millones en 2050, nuestra seguridad alimentaria actual y futura dependerá de nuestra capacidad para aumentar los rendimientos y la calidad de los alimentos utilizando los suelos que tenemos disponibles en la actualidad.

Su polución nos afecta negativamente a todos, y se ha identificado como una de las principales amenazas para las funciones del suelo en todo el mundo.

Debemos ser conscientes de las causas de la contaminación del suelo para poder encontrar e implementar soluciones. La protección y conservación del suelo comienza con nosotros mismos.

Elegir alimentos sostenibles, reciclar adecuadamente desechos peligrosos como las baterías, hacer compostaje en casa para reducir la cantidad de desechos que se llevan a los vertederos o manejar los residuos de antibióticos de manera más responsable, son solo algunos ejemplos de cómo podemos ser parte de la solución. En una escala mayor, debemos promover prácticas agrícolas sostenibles en nuestras comunidades.

Un suelo sano es un recurso precioso, no renovable y que se ve cada vez más amenazado por comportamientos humanos destructivos. Somos responsables de los suelos que nos proporcionan alimentos, agua y aire, y tenemos que tomar medidas hoy para asegurar que haya suelos sanos para un futuro sostenible y con seguridad alimentaria. ¡Sé la solución a la contaminación del suelo!

FUENTE: FAO

FOTOS FAO

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